viernes, 2 de julio de 2010

Sex on fire



Pestañas oscuras con intensos ojos negros, barba de un par de días y pelo negro de media largura limpio, enmarañado y algo pegado por detrás. Una camiseta negra ajustada  y unos vaqueros desgastados vestían cuerpo en forma pero sin excesos y sexy, terriblemente sexy. Ahí estaba subido en el escenario. Sus manos subían y bajaban por la guitarra demostrando una gran habilidad y precisión. Me encantaba verle así, ensimismado en la canción que estaban tocando, como si el resto del mundo no existiera más que la pieza que estaban tocando.

Hacía calor esa empalagosa noche de verano, no funcionaba el aire acondicionado pero aún así el garito estaba lleno a rebosar, suerte que había llegado pronto y había cogido sitio en una de las mesas altas que andaban dispersas en el local.

Me había llevado a Clo de rehén pero estaba entretenida coqueteando con el camarero de la barra, era increíble, un día de estos le compraría una correa para que no se me escapase cada dos por tres, pero hay que reconocerlo, la jodida niña es irresistible.
Según me había dicho la actuación duraría una hora y media aproximadamente. La gente enloquecía cada vez que sonaba un tema conocido, aunque no eran composiciones propias, el directo era francamente bueno, limpio y de calidad.

Mi camiseta blanca se pegaba por mi cuerpo y mis vaqueros que parecían ahora de una o dos tallas menos, se ajustaban a mis piernas debido al sudor. Me estaba empezando a deshidratar así que en cuanto crucé la mirada con la camarera que se acercaba por las mesas le pedí una tónica, tenía necesidad de algo amargo.
Me fijé que estaba buscando entre el público, escudriñando cada rincón de la sala. En un momento determinado posó una mirada sobre un punto fijo, justo en mi dirección y guiñó un ojo. Yo no estaba muy lejos del escenario pero sabía bien que entre las luces y el sudor de su frente que caía por el rostro, era casi improbable que me encontrase asique pensé que habían sido figuraciones mías y continué disfrutando de la actuación

A eso de las once y media, terminaron, los pipas comenzaron a recoger todo lo que había en el escenario. Bajó de las tablas pegando un salto y se dirigió justo hacia el punto en el que se había fijado antes, justo hacia mi.
Tenía un andar muy particular, realmente desprendía tanta confianza en si mismo que daba incluso envidia. Saludó a algún que otro colega que se encontró chocando las palmas y cruzando bromas y risas. En poco tiempo ya estaba en mi mesa. La camarera se acercó con una botella de agua que acostumbraba a pedir cuando acababan.

- Hola pequeña, ¿que te ha parecido?- dijo robándome un beso. Manía de llamarme pequeña porque soy más baja que el, leche, mido uno setenta, creo que no está mal. Pero sabía que me picaba, y era su pequeño triunfo personal.
- Como siempre, excepcional.
- Me alegro.- dijo dibujando una sonrisa de satisfacción. ¿Cómo es que andas por aquí sola hoy?
- Que va, vengo con Clo pero se ha quedado por... ¡Ya estamos, ya se me ha vuelto a perder! En teoría estaba hace un rato coqueteando con el camarero...
- Jujujuj...- rió intentando que el agua no se le escapase por la nariz.- Deja a la muchacha que disfrute.
- No, si bien dejada está. Por cierto...Me debes algo.
- Cierto, lo tengo en la sala del grupo. ¿Vamos?
- Vamos.

Nos perdimos entre los corredores del local dejando atrás el humo y el barullo y llegamos a la sala. Estaba llena de bártulos del equipo y la luz titilaba, haciendo que la iluminación fuera escasa, me dejó pasar, le pillé mirándome el culo pero no es que le preocupase demasiado el disimular, me dedicó una sinuosa sonrisa y después se adelantó. Mientras yo cerraba la puerta tras de mi, fue hacia un lado del cuarto y rebuscó dentro de su mochila de cuero. Lo encontró dentro de uno de los bolsillo laterales. Cuando ya lo tuvo en su poder volvió hacia donde yo estaba.

-Toma. Lo prometido es deuda- dijo guiñandome un ojo.

Abrí la palma y la dejó caer. Una púa plateada, con mi nombre grabado y unos pequeños cristales como puntos en las ies.Estaba diseñado como colgante y el cordón era liso y de cuero negro, rematado con un enganche también plateado, en forma de gancho en uno de los extremos y de aro en el otro.

- Estás hecho todo un artista. Me encanta.Gracias.
- Las gracias están muy bien, pero me lo pienso cobrar...
- Jajajaja ya me parecía a mi...
- En especie...Obviamente- continuó situándose por detrás separándome el pelo para abrocharme el colgante.

Cerró el enganche, su mano acarició mi nuca y continuó bajando por toda la columna hasta mi espina dorsal, erizándoseme el vello y notando como un pequeño pero intenso escalofrío recorría mi espalda. Se aproximó más a mi, sumergiendo la nariz entre mi pelo y acariciando mi cabeza con una mano. Separó un mechón lateral y sus labios comenzaron a aprisionar el lóbulo de mi oreja, su lengua se introdujo en los recobecos de ésta y sus dientes a mordisquear mi cuello, alternándolo con besos cada vez más y más intensos, lo cual consigue siempre hacerme temblar las piernas. Sus manos recorrían mis costados, bajando por mi cintura, llegando hasta mis caderas y cercando posteriormente mi ombligo para escurrir las manos hacia el obediente botón de mi vaquero, mientras yo dejaba escapar un gemido de debilidad. 

Me dio la vuelta. Sus labios se encontraron con los míos fundiéndose en un profundo beso mientras mis manos se enredaban en su cuello, casi como si el mundo se fuese a terminar en cualquier momento. Sus manos llegaron hasta los bolsillos posteriores de mi pantalón y cogiéndome en volandas me subió a una mesa próxima. Una sonrisa pícaramente maliciosa se dejó entrever- Me encanta cuando te sonrojas.- añadió mirándome con esos intensos ojos, lo cual hizo que me sonrojara aun más, para posteriormente despojarme de la camiseta. Mis manos inquietas consiguieron quitarle la suya, más bien porque se dejó, pero enseguida me agarró de las muñecas y las apoyó contra la pared a la que estaba pegada la mesa.

- El músico soy yo, y ahora tengo púa con la que tocar.- me susurró traviesamente al oído para después recorrer con pequeños mordiscos el borde de mi mandíbula hasta mi barbilla y bajar cuello abajo.

Me dejé llevar. Y es que me encanta verle así, ensimismado en la canción que estaba tocando, como si el resto del mundo no existiera... más que la pieza que estaba tocando.

3 y tu que me cuentas:

Pio dijo...

Vale, quiero un músico YA!!!

El guardian del Faro dijo...

Y yo quiero......, quiero uno, aunque no sea músico.

¿Dejarás de darme envidia, guapa?.

;)

Carlos dijo...

El azar me ha traido haste este lugar. Me gusta. Creo que me quedaré.
Magnifica manera de relatar lo que pasó.
Seguro que te arrancó tu mejor canción y el mejor de lso sonidos de tu alma.